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Mi primer recuerdo vinculado al café es Café Verlet, una pequeña cafetería en el centro de París durante un viaje familiar. Recuerdo los sacos de café en grano apilados y el aroma que envolvía todo el espacio.
Después llegó la cafetera italiana y el café como excusa para alargar las sobremesas familiares.
Con los años, viajar también se convirtió en una forma de aprender a mirar. La arquitectura, la luz, los materiales, el diseño y la artesanía empezaron a formar parte de mi manera de observar el mundo.
Desde entonces, cada viaje comienza igual: descubriendo ciudades y buscando cafeterías de especialidad.
Cuando descubrí el café de especialidad, mi forma de entender el café cambió por completo.
Hubo un momento en el que sentí que, como consumidora, no existía en España una marca que reuniera todo lo que me apasiona: café, diseño y artesanía.
Así nace el concepto de Michenjoff: la forma más honesta de unir todo lo que me obsesiona.
¿Y el nombre, por qué Michenjoff?
Un día empezó a aparecer un pequeño gatito pardo en casa. Cada mañana al despertarme, corría a abrir la puerta y ahí estaba él.
Así que sí, Michenjoff es un pequeño felino que ha terminado convirtiéndose en el alma simbólica de esta marca.
— Ana Nouveau